La antología del Jardín

El poema más breve de Daniel Cotta en Alumbramiento, mi última lectura del 2021, dice:

“Señor, no estoy viviendo. / Estoy desenvolviendo tu regalo.”

Es una pequeña poética, que resume bien el tono del libro, y un buen recordatorio para empezar este año con un deseo que es a la vez un propósito y una petición: ojos para ver desde una perspectiva más sobrenatural, más contemplativa, que es casi lo mismo que decir más agradecida.

Si algo le debemos a la poesía es, precisamente, que nos da ojos para ver, nos obliga a pararnos y nos ayuda a habitar una realidad que quizá hasta entonces no habíamos considerado con la debida atención. Yo este año quisiera combatir más intencionalmente los tirones de la economía de la atención. Mucho se ha dicho al respecto (véase, especialmente, The Social Dilemma) y no hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de las heridas sociales y en la vida de cada uno. Si ya hay una ley en el cuerpo que nos hace hacer lo que no queremos, ¿cómo es que abrazamos con tanta liberalidad esa otra ley de la economía de la atención que nos lleva por donde no queremos?

Vengo aquí, pues, a proponer una modesta idea que leí hace unos meses en un artículo del el New York Times, “My Secret Weapon Against the Attention Economy” (por si no abre, aquí hay un pdf): Leer un mismo poema durante un mes. Puede convertirse en un pequeño ritual para comenzar el día y poco a poco, a fuerza de repeticiones, se va ahondando en el poema, no sólo se navega por la superficie de las palabras, sino que se llega a esos otros niveles más intuitivos, más corporales y rítmicos, la unión entre sentido y sonido. Son cosas que una lectura rápida no alcanza. Como los poemas, además, suelen ser breves, no es mucho pedir una lectura lenta, que es precisamente la antítesis de las exigencias de la economía de la atención. Y la lectura lenta tiene frutos dulcísimos. El que los probó los sabe. Por algo me he vuelto ferviente de la devoción que ha propuesto Gregorio Luri a Nuestra Señora de la Lectura Lenta. La piedad que implica una lectura lectura está muy bien explicada en el artículo del New York Times. No se lo pierdan.

Yo por mi parte me he propuesto publicar en otro blog, exclusivamente dedicado a esto, un poema diario. Será “La Antología del Jardín“: Una selección personal de poemas que me gustan. Como vivo entre dos mundos, en inglés y en español, voy a ir alternando entre los dos, sin rigideces, pero intentando mantenerlos balanceados. Las traducciones de poemas escritos en otros idiomas irán en inglés o en español, dependiendo de las versiones que haya leído y que me gusten. Lo hago para fijarme más, para pensar un poco más en el poema, y para ofrecer una selección personal a quienes a veces me preguntan por dónde empezar a leer a poesía. Como cada quien tiene que encontrar los autores que le mueven, mi única respuesta es indicar cuáles me han movido a mí. Quizá el ejercicio vaya estableciendo sus propias líneas de conversación y, en todo caso, servirá para leer otra vez y con una atención nueva, que es la línea contemplativa que me gustaría seguir este año.

Les doy la bienvenida a este sector, el más florecido del Jardín de la Academia, pues como dice Enrique García-Máiquez, los versos más míos los han escrito siempre otros poetas.

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